Cantatas para el segundo domingo de Pascua: el Buen Pastor (I)

Posted on 14/04/2013

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I.

La imaginación barroca -tal vez agotada por la desmesurada codificación de la vida cortesana- glorificó e idealizó la vida rural. De modo especial, las escenas y la vida de los pastores se convirtieron en referencia de vida feliz en todas las artes, retomando y transformando un género que venía ya de la antigüedad clásica, pero que el barroco reinventa y adapta a sus necesidades e intereses. No es de extrañar por tanto que la escena evangélica del Buen Pastor atrapara la imaginación de Bach y le llevara a escribir tres cantatas formidables para este segundo domingo del tiempo de Pascua.

El texto que precedía a cada una de las tres cantatas sobre las que quiero escribir hoy pertenece al décimo capítulo del evangelio de San Juan y dice así:

Volvió Jesús a decirles: “Os aseguro que yo soy la puerta por donde entran las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí fueron ladrones y salteadores, pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta: el que por mí entra será salvo; entrará y saldrá, y encontrará pastos. El ladrón viene solamente para robar, matar y destruir; pero yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; pero el que trabaja solamente por el salario, cuando ve venir al lobo deja las ovejas y huye, porque no es el pastor ni son suyas las ovejas. Entonces el lobo ataca a las ovejas y las dispersa en todas direcciones. Ese hombre huye porque lo único que le importa es el salario, no las ovejas. Yo soy el buen pastor. Como mi Padre me conoce y yo conozco a mi Padre, así conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. Yo doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil, y también a ellas debo traer. Ellas me obedecerán, y habrá un solo rebaño y un solo pastor.”

II. BWV 104, Du Hirte Israel, höre

Bach estrenó la primera de sus tres cantatas sobre el evangelio del Bue Pastor durante su primer año en Leipzig, el 23 de abril de 1724. La obra entera es una maravilla, pero, sin duda, los dos momentos álgidos son el coro inicial, con su sinfonía introductoria de estilo pastoral, y el aria para bajo.


La cantata en la versión de Ton Koopman. Sigue aquí el texto.

El movimiento inicial tiene la virtud de combinar la delicadeza de la música pastoral del barroco con el tono de plegaria de los textos de los salmos. La sinfonía que abre el movimiento utiliza los tripletes y pedales característicos del género y el coro entra de forma predominantemente homófona introduciendo la fórmula de la oración “¡Escucha!” hasta abrirse en un pasaje fugado.

A un breve recitativo le sigue un aria para tenor cuya principal virtud es el acompañamiento delicioso del oboe d’amore. Ya sabéis que con pasajes de oboe como éste, pierdo la objetividad. A un nuevo recitativo, le sigue el impresionante aria para bajo, una pieza de belleza sobrecogedora que debería aparecer en cualquier antología de la música vocal del barroco. Los recursos típicos de la música pastoral barroca -tripletes y pedal- asocian el aria al coro que abría la cantata, pero, como señala con acierto Alfred Dürr, ambos movimientos quedan separados por el paso de la lógica del Antiguo Testamento al Nuevo. Si el coro tenía el tono de plegaria de los salmos aquí la voz del bajo nos habla de lleno desde el mundo instaurado por la redención de Cristo. el famoso acorde de sexta napolitano juega un papel central en la sección central del aria.

La obra concluye, como es costumbre, con una coral. En este caso a partir de la melodía de Allein Gott in der Höh sei Ehr.

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