Las cantatas fúnebres de Bach (y IV): BWV 198. Laß, Fürstin, laß noch einen Strahl (Trauer-Ode)

Posted on 15/03/2013

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Lee las entradas anteriores sobre cantatas fúnebres de Bach:

Una introducción a BWV 244a. Klagt, Kinder, klagt es aller Welt
Las cantatas fúnebres de Bach (I): BWV 118. O Jesu Christ, mein’s Lebens Licht
Las cantatas fúnebres de Bach (II): Actus Tragicus
Las cantatas fúnebres de Bach (III): BWV 157. Ich lasse dich nicht, du segnest mich denn

La obra con la que quiero cerrar la escucha de las cantatas fúnebres de Bach encuentra su sitio en el proyecto original de este blog de manera un tanto oblicua. La Trauer-Ode es, sin duda, una cantata fúnebre, pero no puede considerarse una obra sacra, ya que no fue escrita para ningún servicio religioso, sino para un homenaje organizado por la Universidad de Leipzig. Aunque Wolfgang Schmieder le dio el número 198 en su elenco de las obras de Bach, situándola por tanto entre las cantatas sacras, hoy se considera de forma unánime una obra profana y basta leer el texto para darse cuenta de ello: el poema de Johann Christoph Gottsched que Bach despiezó para construir la Trauer-Ode no contiene un solo verso de naturaleza religiosa y la única alusión al más allá se encuentra en la Ewigkeit saphirnes Haus que abre la segunda parte de la obra.

Sin embargo, nos encontramos ante una de las obras maestras absolutas de Bach, una de sus cantatas más originales y emocionantes. El propio Bach debía de ser consciente de ello, pues años después reutilizó no pocos de sus movimientos en su Pasión según San Marcos y en la música que compuso para el funeral del Príncipe Leopold de Anhalt-Cöthen.

Christiane_Eberhardine_von_Brandenburg-Bayreuth

I.

Cuando Christiane Eberhardine de Brandemburgo-Bayreuth, Electora de Sajonia y Reina Consorte de Polonia, murió el 5 de septiembre de 1727, era ya una leyenda de piedad e integridad en todo el mundo luterano. Tras la conversión al catolicismo de su marido, Augusto el Fuerte, con el propósito de convertirse en rey de Polonia, la Electora se había negado a seguir sus pasos, permaneciendo fiel al luteranismo. A partir de entonces vivió en una especie de exilio recluida siempre en los castillos de su marido y consagrada a la caridad y el mecenazgo cultural. A su muerte, ni Augusto ni el primogénito de ambos acudieron al funeral.

Carl von Kirchbach, estudiante de la Universidad de Leipzig, promovió la celebración de un acto en homenaje de la piadosa Electora, convertida en heroína nacional, en el que se interpretara una cantata compuesta por Johann Sebastian Bach a partir de un poema de Johann Christoph Gottsched. La elección del compositor supuso un conflicto con Johann Gottlieb Görner, compositor preferido de la dirección universitaria, y sólo la insistencia de Kirbach permitió que el encargo terminara en manos de Bach.

La obra se estrenó el 17 de octubre de 1727, apenas dos días después de que el compositor acabara la obra. La orquestación de la cantata es excepcionalmente rica e incluye instrumentos poco habituales en la producción vocal bachiana: la sección de vientos consistió en dos flautas traveseras y dos oboes d’amore (queda la duda de si a estos cuatro instrumentos hay que sumarle dos flautas dulces que aparecen mencionadas en descripciones de la interpretación o si éstas ocuparon el lugar de los oboes); a la tradicional sección de cuerdas Bach le añadió, en esta ocasión, dos violas da gamba, y al continuo, dos laúdes.

II.


La cantata en la versión del Colegium Vocale Gent bajo la dirección de Philippe Herreweghe. Sigue aquí el texto.

La cantata está dividida en dos partes. La primera comienza con un coro solemne organizado a partir de la forma de un concierto al que se superpone la parte coral. Al primer recitativo, le sigue un aria para soprano con acompañamiento de la sección de cuerda a la que el texto pide en vano que calle. El segundo recitativo es una miniatura prodigiosa en el que todos los instrumentos reproducen el sonido de las campanas que tañen por la difunta Electora. El aria para alto que sigue es uno de mis momentos favoritos de la cantata: la deliciosa línea melódica solista está acompañada por las dos violas da gamba y los laúdes. El coro que cierra la primera parte de la cantata tras un nuevo recitativo está organizado como una fuga. Está dividido en dos partes separadas por un intermedio instrumental, cada una de las cuales comienza por una exposición en fuga que después se relaja de forma armónica.

El aria para tenor que abre la segunda parte se abre con una parte musical maravillosa para flauta y oboe con el apoyo de las violas de gamba y los laúdes. Otro momento memorable de la cantata. El recitativo que da paso al coro final está dividido en dos partes, una secco y otra arioso, esta segunda con acompañamiento de los vientos. La cantata se cierra con un coro con aires de danza. La estructura podría considerarse de aria coral, combinando elementos de danza y canción. El texto es una invitación a los poetas a que registren las virtudes de la reina para la memoria y la posteridad, en una apuesta por la inmanencia bien alejada de la que acostumbramos a encontrar en las cantatas sacras.

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Posted in: Escucha