Las cantatas fúnebres de Bach (I)

Posted on 17/02/2013

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[Aparte de las escritas para las festividades del año litúrgico, Johann Sebastian Bach escribió una serie de cantatas para distintas ocasiones de la vida religiosa: bodas, funerales, consagraciones de órganos o iglesias, nombramientos de consejos ciudadanos… Durante las semanas de la Cuaresma, iré escuchándolas y comentándolas aquí]

1. Las cantatas fúnebres de Bach

A lo largo de su vida, Bach escribió toda una serie de obras de intención fúnebre. Su clasificación, sin embargo, es compleja, ya que algunas de ellas parecen estar destinadas a ser interpretadas durante los servicios fúnebres, en la iglesia, otras durante la procesión funeral o ante la tumba, y alguna más parece ser una cantata conmemorativa. Durante los próximos días procuraré dedicarles un tiempo a cada una de ellas.

BWV 106. Gottes Zeit ist die allerbeste Zeit (Actus Tragicus). Se trata de una de las más conocidas y bellas cantatas de Bach. Fue escrita durante su estancia en Mülhausen, probablemente en 1707, lo que la convierte también en una de las primeras cantatas que el músico escribió.

BWV 157. Ich lasse dich nicht, du segnest mich denn. Compuesta en 1727 para el funeral de Johann Cristoph von Ponickau y reestrenada un año más tarde como cantata para la festividad de la Purificación de la Virgen.

BWV 198. Laß, Fürstin, laß noch einen Strahl (Trauer-Ode). Esta formidable cantata fue escrita en 1727 por encargo de la Universidad de Leipzig para honrar la memoria de la Princesa Electora Christiane Eberhardine de Sajonia. En rigor, no puede considerarse una cantata sacra, ya que no fue escrita para ningún servicio religioso.

BWV 244a. Klagt, Kinder, klagt es aller Welt. Estrenada en 1729 como música para los funerales del Príncipe Leopold de Anhalt-Cöthen, la música de esta obra se ha perdido. Sin embargo, Andrew Parrott ha realizado una reconstrucción total ya que se trata de una parodia de fragmentos de La Pasión según San Mateo y de la Trauer-Ode. Hace unos meses ya escribí aquí sobre ella.

BWV 118. O Jesu Christ, mein’s Lebens Licht. Esta obra, escrita seguramente entre 1737 y 1738 no puede considerarse una cantata, sino que en realidad es un motete fúnebre. Parece que fue escrito para una procesión fúnebre o para ser interpretado al pie de la tumba durante el entierro. Su difícil clasificación, que lo deja fuera de las cantatas y de los motetes, ha hecho que sea grabado en contadas ocasiones, a pesar de su belleza solemne y su profundidad.

Was is, das wir Leben nennen. (Sin número de BWV). Esta cantata fue escrita en 1716 para el funeral del Príncipe Johann Ernst de Sajonia-Weimar. La música se ha perdido.

BWV Anh. I 16. Schließt die Gruft! Ihr Trauerglocken y BWV Anh. I 17. Mein Gott, nimm die gerechte Seele. No se conserva la música de ninguna de estas dos cantatas fúnebres y la autoría de Bach es sólo probable.

2. Una introducción a BWV 118. O Jesu Christ, mein’s Lebens Licht

Es un error lo que permite que escriba ahora sobre esta maravillosa coral. Cuando en el siglo XIX se clasificaron todas las obras de Johann Sebastian Bach, a alguien le pareció que esta pieza tenía que ser el primer movimiento de una obra mayor, de una cantata. Hoy en día, sin embargo, casi todos los expertos coinciden en que se trata de una obra independiente, de un motete fúnebre que fue escrito para una procesión funeral o para ser interpretado al pie de la tumba durante un entierro.

Aunque probablemente la pieza fue interpretada durante el entierro del Conde Friedrich von Flemming en octubre de 1740, su composición parece datar de tres o cuatro años antes. La instrumentación de la pieza nos permite confirmar que fue escrita para ser interpretada al aire libre: la obra está orquestada exclusivamente para metales, dos litui, un cornetto y tres trombones. Es una de las poquísimas obras corales en las que no se prevé el uso de cuerdas y el órgano que aparece en la orquestación probablemente sólo se utilizara en posteriores interpretación en una iglesia. El propio Bach arregló la obra años más tarde adaptándola a un contexto más habitual y sustituyendo los metales por cuerdas, oboes, fagot y bajo continuo. Curiosamente, en esta segunda versión se mantienen los litui, un instrumento de origen romano que se utilizaba en ceremonias y procesiones de la antigüedad. Aunque es probable que con lituus Bach se refiera al corno de caza y que el nombre latino en la partitura tenga por objeto precisamente remitir a la solemnidad y grandeza de los rituales de la antigua Roma, hay quien ha creído encontrar aquí un instrumento perdido e incluso científicos de la Universidad de Edimburgo lo han reconstruido y utilizado en una interpretación experimental del motete en Suiza.

La obra pone música a la primera estrofa de un himno de Martin Behm escrito en 1610:

O Jesu Christ, mein’s Lebens Licht,
Mein Hort, mein Trost, mein Zuversicht,
Auf Erden bin ich nur ein Gast
Und drückt mich sehr der Sünden Last.

(¡Oh, Jesucristo, luz de mi vida,
Mi Refugio, mi Consuelo, mi Confianza,
En la Tierra tan sólo estoy de paso
Y me oprime el peso de los pecados!)

La pieza es un prodigio de solemne profundidad que se abre con una introducción instrumental al que sigue la entrada de las voces que partiendo de la melodía de la coral Ach Gott, wie manches Herzeleid construyen una estructura contrapuntística en seis partes. Cuando la pieza acaba, una señal de Bach permite deducir que a la pieza pueden añadírsele más estrofas del himno de Behm.

La instrumentación atípica y la solemnidad de la declamación le dan a esta obra un aire arcaizante que recuerda a la obra de Heinrich Schütz y de sus contemporáneos y la convierten un prodigio de espiritualidad que merece ser grabada tan más a menudo.

En los siguiente enlaces podéis escuchar la versión original del motete y dos versiones del segundo arreglo para interior, la de Helmut Rilling y la de John Eliot Gardiner. Tengo que decir que mis dos versiones favoritas son la de His Majesty Sagbuts and Cornets para el arreglo procesional y la de Massaki Suzuki para el de interior.

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Posted in: Escucha