Miércoles de ceniza

Posted on 13/02/2013

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tapies

I

Porque no espero volver otra vez
Porque no espero
Porque no espero volver
A desear el don de este hombre y la capacidad de aquél
Ya no me esfuerzo en esforzarme en tales cosas
(¿Por qué habría de extender sus alas el águila envejecida?)
¿Por qué habría yo de lamentar
El desvanecido poder del reino acostumbrado?

Porque no espero conocer otra vez
La gloria frágil de la hora afirmativa
Porque no pienso
Porque sé que no conoceré
El único verdadero poder transitorio
Porque no puedo beber
Allí donde florecen los árboles y fluyen los manantiales, pues allí otra vez no hay nada

Porque sé que el tiempo es siempre tiempo
Y el lugar es siempre y sólo lugar
Y lo que es real es real sólo por una vez
Y sólo para un lugar
Me alegro de que las cosas sean como son y
Renuncio al rostro bienaventurado
Y renuncio a la voz
Porque no puedo esperar volver otra vez
Por tanto me alegro, teniendo que construir algo
De lo que alegrarme

Y ruego a Dios que tenga misericordia de nosotros
Y ruego que pueda olvidar
Esos asuntos que demasiado a menudo he discutido conmigo mismo
Que demasiado a menudo he explicado
Porque no espero volver otra vez
Que estas palabras respondan
Por lo que se ha hecho, para que no vuelva a hacerse
Ojalá el juicio sobre nosotros no sea demasiado gravoso

Porque estas alas no son ya alas para volar
Sino tan sólo abanicos que baten el aire
El aire que ahora está completamente calmo y seco
Más calmo y más seco que la voluntad
Enséñanos a que nos importe y a que no nos importe
Enséñanos a estar sentados tranquilos.

Ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte.
Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.

II

Señora, tres leopardos blancos se sentaron al pie de un junípero
A la fresca del día, habiendo saciado su hambre
Con mis piernas mi corazón mi hígado y lo que contenía
La hueca redondez de mi cráneo. Y Dios dijo
¿Han de vivir esos huesos? ¿Han de vivir
Esos huesos? Y lo que contenían
Los huesos (que ya estaban secos) dijo gorjeando:
Por la bondad de esta Señora
Y por su belleza, y porque
Honra a la Virgen en meditación,
Brillamos de claridad. Y yo que estoy aquí oculto
Ofrezco mis acciones al olvido, y mi amor
A la posteridad del desierto y al fruto de las calabaza.
Eso es lo que recobra
Mis tripas las cuerdas de mis ojos y las porciones indigestibles
Que rechazan los leopardos. La Señora se ha retirado
Con una túnica blanca, a la contemplación, con un túnica blanca.
Que la blancura de los huesos ofrezca expiación al olvido.
No hay vida en ellos. Como estoy olvidado
Y estaría olvidado, así olvidaría
Así, dedicado, concentrado en mi propósito. Y Dios dijo
Profecía al viento, al viento sólo pues sólo
Al viento escucha. Y los huesos cantaron gorjeando
Con el estribillo de la cigarra, diciendo

Señora de los silencios
Tranquila y angustiada
Desgarrada y enterísima
Rosa de la memoria
Rosa del olvido
Exhausta y dadora de vida
Acongojada y llena de reposo
La Rosa única
Es ahora el Jardín
Donde acaban todos los amores
Terminan el tormento
Del amor insatisfecho
El tormento mayor
Del amor satisfecho
Fin del viaje
Sin fin hacia ningún fin
Conclusión de todo lo que
No tiene conclusión
Lenguaje sin palabra y
Palabra de ningún lenguaje
Gracia a la Madre
Por el jardín
Donde todo amor termina.

A los pies de un junípero cantaban los huesos, dispersos y brillantes.
Nos alegra estar dispersos, nos servimos de poco unos a otros,
Bajo un árbol a la fresca del día, con el consuelo de la arena,
Olvidándose de ellos mismos y unos a otros, unidos
En la calma del desierto. Esta es la tierra que os
Repartiréis en lotes. Y ni división ni unidad
Importan. Esta es la tierra. Tenemos nuestra herencia.

III

En la primera revuelta de la segunda escalera
Me volví y vi abajo
La misma forma retorcida en la baranda
Bajo el vapor en el aire fétido
Luchando con el demonio de las escaleras que exhibe
El rostro engañoso de la esperanza y la desesperación.

En la segunda revuelta de la segunda escalera
Les dejé retorciéndose, volviendo abajo:
Ya no había más rostros y la escalera estaba oscura,
Húmeda, mellada, como la boca de un viejo que babea, ya sin arreglo,
O la dentada gola de un tiburón envejecido.

En la primera vuelta de la tercera escalera
Había una ventana estrecha con panza como de higo
Y más allá del espino en flor y de una escena pastoril
La figura ancha vestida de azul y verde
Hechizaba el mayo con una antigua flauta.
Dulce es el cabello al viento, cabello castaño al viento sobre la boca,
Lilas y cabello castaño;
Distracción, música de la flauta, descansillos y escalones de la mente en la tercera escalera,
Desvaneciéndose, desvaneciéndose; fuerza más allá de esperanza y desesperación
Subiendo la tercera escalera.

Señor, no soy digno
Señor, no soy digno
pero di una sola palabra.

IV

Quién andaba entre violeta y violeta
Quién andaba entre
Los diversos tonos de variado verde
De blanco y azul, el color de María,
Hablando de cosas triviales
Ignorando y conociendo el dolor eterno
Quién se movía entre los demás mientras caminaban,
Quién entonces dio fuerza a las fuentes y refrescó los manantiales

Enfrió la roca seca y afirmó la arena
En azul consuelda, azul color de María,
Sovegna vos.

Aquí están los años que caminan por en medio, haciendo
Zarpar los violines y las flautas, restaurando
A quien avanza en el tiempo, entre sueño y vigilia, vistiendo

Con un manto de luz blanca, envuelto alrededor.
Los años nuevos avanzan, restaurando
A través de una clara nube de lágrimas, los años, restaurando
Con verso nuevo la antigua rima. Redime
El tiempo. Redime
La visión no leída en el sueño superior
Mientras enjoyados unicornios tiran de la dorada carroza fúnebre.

La silenciosa hermana velada en blanco y azul
Entre los tejos, tras el dios del jardín,
Con su flauta sin aliento, inclinó la cabeza con una señal pero no dijo nada.

Pero la fuente se alzó y el pájaro hizo oír su canto
Redime el tiempo, redime el sueño
La prenda de la palabra no oída, no dicha

Hasta que el viento sacuda mil susurros del tejo

Y después de este nuestro destierro.

V

Si la palabra perdida se ha perdido, si la palabra gastada se ha gastado
Si la palabra no oída, no dicha
No está dicha ni oída
Sigue siendo la palabra no dicha, la palabra no oída,
La Palabra sin palabra, la Palabra en
El mundo y para el mundo;
Y la luz brilló en la tiniebla y
Contra la Palabra el mundo sin acallar aún daba vueltas
En torno al centro de la Palabra silenciosa.

Oh pueblo mío, qué te he hecho.

¿Dónde se encontrará la palabra, dónde resonará
La palabra? No aquí, pues no hay silencio suficiente
No en el mar ni en las islas, no
En tierra firme, en el desierto ni en tierra de lluvia,
Para aquellos que caminan en la oscuridad
Tanto en el día como en la noche
El tiempo justo y el lugar justo no están aquí
No hay lugar de gracia para los que evitan el rostro
No hay tiempo de alegría para los que caminan entre el ruido y niegan la voz.

¿Rogará la velada hermana por
aquellos que caminan en tiniebla, los que te eligieron y se te opusieron,
aquellos que están desgarrados entre estación y estación, tiempo y tiempo, entre
hora y hora, palabra y palabra, poder y poder, aquellos que esperan
en la oscuridada? ¿Rogará la velada hermana
Por los niños ante las puertas
que no se van a marchar y no pueden rezar?
Ruega por los que eligieron y se oponen.

Oh pueblo mío, qué te he hecho.

¿Rogará la velada hermana entre los esbeltos
tejos por los que la ofenden
y están aterrados y no pueden rendirse
y afirman ante el mundo y niegan entre las rocas
en el último desierto entre las últimas rocas azules
el desierto en el jardín el jardín en el desierto
de sequía, escupiendo por la boca la reseca semilla de manzana?

Oh pueblo mío.

VI

Aunque no espero volver nunca más
aunque no espero
aunque no espero volver

oscilando entre el beneficio y la pérdida
en este breve tránsito donde cruzan los sueños
el crepúsculo cruzado de sueños entre nacimiento y muerte
(Bendíceme Padre) aunque no deseo desear esas cosas
desde la ancha ventana hacia la orilla de granito
las blancas velas siguen volando al mar, al mar volando alas sin romper

Y el corazón perdido se endurece y se alegra
de la lila perdida y las perdidas voces del mar
y el débil espíritu se aviva para rebelarse
por la inclinada vara de oro y el perdido olor del mar
se aviva para recobrar
el grito de la codorniz y el chorlito que revolotean
y el ojo ciego crea
las formas vacías entre las puertas de marfil
y el olor renueva el sabor de sal de la tierra arenosa

Este es el tiempo de tensión entre morir y nacer
el lugar de soledad donde cruzan tres sueños
entre rocas azules
pero cuando las voces sacudidas del tejo van a la deriva
sacúdase al otro tejo y conteste.

Bienaventurada hermana, madre santa, espíritu de la fuente, espíritu del jardín,
no nos consientas que nos burlemos de nosotros mismos con falsedades,
enséñanos a que nos importe y a que no nos importe
enséñanos a estar sentados quietos
incluso entre estas rocas,
nuestra paz en Su voluntad
e incluso entre estas rocas
hermana, madre
y espíritu del río, espíritu del mar,
no me consientas quedar separado

y llegue hasta Ti mi clamor

T.S. Eliot (Traducción de Hugo Romero)

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