Bach Academie Brugge (I)

Posted on 26/01/2013

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El tren atraviesa Flandes cubierta por la nieve. Con menos retraso del temido llego a Brujas para la tercera edición de la Bach Academie Brugge, un festival que organizan el Concertgebouw de la ciudad y el Collegium Vocale Gent.

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Durante estos días, me quedaré en The Townhouse, una preciosa casa de huéspedes que regenta la familia Barnes con gusto y hospitalidad exquisitos. Desde su suite abuhardillada veré los próximos días nevar sobre los tejados de la ciudad. Desde aquí veo también la mole de ladrillo y hormigón del Concertgebouw, donde se celebran la mayor parte de los conciertos del festival.

Esta edición de la Bach Academie se centra en el papel del comopistor como cantor de la Thomaskirche en Leipzig y el primer concierto está dedicado a uno de sus antecesores en el cargo: Johann Hermann Schein, músico de la generación de Heinrich Schütz y, como él, introductor del estilo italiano en la música alemana del siglo XVII. En su música, la necesidad de inteligibilidad de los textos se combinan con la riqueza de la polifonía y la sensibilidad melódica italiana con la religiosidad luterana. El Collegium Vocale Gent, bajo la dirección de Philippe Herreweghe, interpretó una selección de madrigales sacros extraídos de la más importante colección de su autor, la Israelis Brünnlein. Las piezas tienen no poco en común con la música de Schütz y evidencian la influencia de Monteverdi. El Collegium Vocale ofreció una interpretación de una nitidez maravillosa. Las piezas, escritas para cinco partes, estuvieron interpretadas por Dorothy Mields y Hana Blazikova como sopranos, David Munderloh como alto, Thomas Hobbs como tenor y Peter Kooij como bajo.

Paolo Pandolfo y Markus Hünninger terminaron el día con un concierto dedicado a las sonatas para viola de gamba y clave de Bach. Pandolfo interpretó además una transcripción propia de la primera suite para chelo. No sabría indicar el origen del problema acústico que lastró las notables versiones de los músicos y que hacía que el clave se comiera el sonido de la viola de gamba en ocasiones, pero ese problema no fue nada comparado al insoportable olor a fritanga que invadía la sala de música de cámara del Concertgebouw y que echó a perder por completo la experiencia.

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Posted in: Conciertos, Viajes