In restless dreams I walked alone

Posted on 22/01/2013

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Sufjan Stevens – All Delighted People from Michał Zieliński on Vimeo.

Escuché esta canción por primera vez en septiembre de 2010, mientras paseaba por Belfast. Había salido, como tantos turistas, a fotografiar los famosos e infames murales republicanos y unionistas. En mi iPod llevaba el nuevo EP de Sufjan Stevens, uno de mis músicos favoritos entonces y ahora, pero no quise escucharlo hasta que no hube terminado mi paseo. Me detuve a almorzar en un pub y sólo entonces, ya de vuelta hacia el hotel donde me estaba quedando, puse el disco. Llegué al hotel diez minutos después con el rostro empapado en lágrimas. All Delighted People es la canción de Sufjan Steven elevada a su máxima potencia, la comunión perfecta entre un espíritu musical completamente maduro y una sensibilidad emocional absolutamente adolescente, una reflexión y, al mismo tiempo, un homenaje a la angustia teen que está en el centro de eso que llamamos la música pop.

Hoy, al volver a escucharla, he pensado que All Delighted People se parece bastante a algo de lo que en este blog hablamos muy a menudo: una cantata coral. En efecto, la larguísima canción de Sufjan Stevens se construye a partir de la melodía y la letra de un himno clásico, en este caso el Sounds of Silence de Paul Simon, que cita y transforma para apoderarse de su espíritu (que no es otro que la disposición existencial misma del adolescente pop) y, a un tiempo, homenajearlo y llevarlo a cierta plenitud.

Nota. En una conversación en Facebook, María Serrano -presunto miembro del Comando Barcelona de Soli Deo Gloria y especial dedicataria de este post- propone nada menos que “es en esa comunión de la que hablas entre disposición/visión/forma/reflexión madura y emoción/sensibilidad/arrebatamiento adolescente donde encuentro yo el quid de lo que puede ser salvífico en la cultura contemporánea”, algo que a mí me habría costado poner en el post, pero que es exactamente lo que pienso al respecto. Y Marcos Muslera nos recuerda otra curiosa genealogía que incluye a Paul Simon y a Bach. Se trata de la maravillosa canción American Tune, cuya música Paul Simon tomó de la melodía de una serie de corales de La Pasión según San Mateo (los números 21 y 23 de la Primera Parte y el 53 de la segunda) que a su vez adaptaban la melodía de Mein G’müt ist mir verwirret, una canción de Hans Leo Hässler. En una época en que el invento como mínimo tan presuntuoso que llamamos propiedad intelectual mancha con la sombra del plagio el ir y venir incesante de las influencias, el viaje de la melodía de Hässler -que vaya uno a saber de dónde procedía- me hace recordar la frase de Jean Luc Godard: “Lo importante no es de dónde sacas las cosas, sino a dónde las sacas”.

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