“Aún no ha llegado mi hora.” Cantatas para el segundo domingo después de la Epifanía

Posted on 17/01/2013

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No sé vosotros, pero una de las cosas que más curiosidad despiertan en mí cuando me enfrento a una cantata nueva es qué elementos de la lectura del día escogerán Bach y el poeta para construir su obra. Existen unos pocos caso en los que la cantata sigue fielmente la estructura de las lecturas del día y otros donde evidentemente es un mero pretexto o ni siquiera eso. Sin embargo, las cantatas que más me interesan son las que parten de un detalle concreto del texto, central o no, y lo llevan a un sitio completamente nuevo. Eso es lo que pasa con las cantatas para el segundo domingo después de la Epifanía. Las tres cantatas que Bach compuso para esta fecha se interpretaron después de la lectura del episodio de las Bodas de Caná, tal y como aparece en el segundo capítulo del Evangelio de San Juan. Sin embargo, las tres obras se apartan en seguida del relato y apenas lo consideran. Desde luego, el papel de María como intercesora -sin duda, el elemento central en la homilética católica- es completamente ajeno a la teología luterana y no esperaba encontrarlo aquí. Los textos de las cantatas -cada uno, como veremos, a su manera- se centran en el muy bachiano tema del consuelo (Trost) y parecen consistir en invitaciones al mismo tiempo a confiar en Dios en los momentos de dificultad y, lo que resulta más curioso, a tener paciencia si no vemos en seguida los resultados. Y es que, para Bach y los autores de los textos de estas cantatas, la frase principal de este episodio es la contestación de Jesús a su madre: “Aún no ha llegado mi hora”. Estos temas vinculan las cantatas para este domingo con una obra que analizábamos al inicio de este proyecto: la BWV 21, Ich hatte viel bekümmernis.

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Las bodas de Caná, también esta semana en el cuadro del Veronés

BWV 155. Mein Gott, wie lang, ach lange?

Como tantas otras cantatas compuestas por Bach durante su estancia en Weimar -ésta fue estrenada allí por Bach el 19 de enero de 1716- Mein Gott, wie lang, ach lange? es una obra breve y con aire de música de cámara. El texto, escrito por el poeta Salomo Franck, está construido, como escribía antes, sobre el “Aún no ha llegado mi hora” y constituye una invitación a la paciencia y la esperanza en los momentos en los que Dios parece haberse escondido.

La cantata carece de coro inicial y comienza directamente con un recitativo emocionante en el que, sobre un pedal en re del bajo que refuerza la idea de espera angustiada, la soprano se pregunta cuánto más durará su sufrimiento. El dueto que sigue, con el que tal vez sea el más prodigioso obbligato de fagot que he escuchado en mi vida, constituye el núcleo temático -con su invitación a mantener la Fe y la Esperanza- y musical de la cantata. La antítesis entre lágrimas y vino remite a la ya citada Ich hatte viel bekümmernis y al episodio de las bodas de Caná y constituye un efecto muy querido por Bach.

Al aria le sigue un recitativo con un texto de consuelo que Bach hace interpretar al bajo, es decir, a la vox Christi, en una decisión comprensible que mitiga la sensación de ausencia de Dios que, de otro modo, predominaría en la cantata. El aria para soprano que viene a continuación pretende representar la confianza del alma que se abandona a la esperanza, pero a mí me ha parecido que, a pesar de los interesantes patrones rítmicos, no está a la altura de los dos primeros movimientos de la obra, que termina con la habitual armonización de una coral, en este caso, la duodécima estrofa de Es ist das Heil uns kommen, de Paul Speratus (1524).

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Detalle del cuadro del Veronés

BWV 3. Ach Gott, wie manches Herzeleid

Bach compuso dos cantatas con el mismo título y basadas ambas en el himno homónimo de Martin Moller (1587), que constituye una exhortación a apoyarnos en Dios en momentos de tribulaciones. La que Bach escribió para el segundo domingo después de Epifanía fue estrenada el 14 de enero de 1725 y el autor de su texto es desconocido.

Aunque se trata de la menos interesante de las cantatas para este domingo, el coro que la abre es una verdadera obra maestra, un lamento bellísimo y de construcción maravillosa. Se trata de una de esas fantasías sobre una estrofa de coral con la que Bach comenzara no pocas de las obras de su ciclo de cantatas coral. Lo abre un ritornello interpretado por dos oboes d’amore sobre cuya melodía se construye todo el movimiento. De forma atípica, el cantus firmus corre aquí a cargo del bajo.

También resulta interesante el segundo movimiento, una estrofa del himno constantemente interrumpida por recitativos a cargo de los cuatro solistas. Un ostinato del bajo continuo sirve para amalgamar la pieza. El aria para bajo que viene a continuación aparece atravesada por contrastes entre imágenes de dolor y alegría que se resuelven en la música de forma cromática.

Tras un recitativo secco, llega un dueto delicioso que Whittaker considera, sin duda de forma exagerada, “tal vez el mejor de las cantatas” y en el que oboes y violines realizan un acompañamiento autónomo que le hace funcionar en realidad como una especia de cuarteto. La coral termina con una armonización de la coral.

Escucha aquí la cantata.

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Desde la sección romana de Soli Deo Gloria se me sugieren las bodas del Tintoretto para que mi veronesismo no sea demasiado evidente

BWV 13. Meine Seufzer, meine Tränen

La verdadera sorpresa de esta semana es la tercera de las cantatas que Bach compuso para el segundo domingo después de la Epifanía. Estrenada el 20 de enero de 1726, Meine Seufzer, meine Tränen es una de las obras más desoladoras y hermosas de la música barroca. Como ocurría con BWV 155, Mein Gott, wie lang, ach lange?, esta cantata parte de la frase central de Cristo en el episodio de las bodas de Caná, “aún no ha llegado mi hora”. Sin embargo, en este caso Dios parece mantenerse oculto hasta el final de la cantata y la exhortación a la esperanza se produce sin que el tono de la cantata varíe en lo esencial.

La obra se abre con un aria para tenor que constituye un conmovedor lamento del alma que vive arrasada por la tristeza. La pieza incluye arreglos para dos flautas dulces y oboe da caccia. Nos encontramos ante uno de esos momentos en los que la creatividad de Bach y su talento para los afectos tristes construye una pieza de una desolación y una belleza únicas. Al aria le sigue un recitativo secco con un final arioso de enorme valor cromático. Una coral cierra la primera parte de la cantata. En ella los instrumentos de viento doblan la melodía de lamento de la contralto, mientras que las cuerdas interpretan un arreglo sorprendentemente luminoso.

Un recitativo para soprano propone por primera vez el tema del consuelo y la ya habitual antítesis de las lágrimas y el vino. El aria que le sigue, para bajo, es de una belleza sobrecogedora y de una complejidad afectiva apabullante. Ya desde el ritornello que abre la pieza entran en juego afectos contradictorios. El aria oscila entre el lamento que domina la cantata y el consuelo prometido que se refleja en las semicorcheas de la segunda parte del ritornello instrumental. La cantata se cierra con una armonización de la coral basada en la memorable melodía de O Welt, ich muss dich lassen.

Aquí podéis escuchar la cantata y aquí seguir el texto.

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