Las cantatas para el primer domingo después de la Epifanía

Posted on 11/01/2013

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Las tres cantatas compuestas por Bach para el primer domingo después del día de Reyes tratan una escena bien conocida y novelesca del evangelio de San Lucas: el niño Jesús, con doce años, se pierde en Jerusalén durante una peregrinación de la familia a la ciudad y es encontrado tres días más tarde por sus padres, que lo buscaban angustiados, en el Templo, inmerso en disputas teológicas con los doctores. Sin embargo, los textos de estas tres cantatas -escritas para la festividad durante tres años sucesivos: 1724, 1725 y 1726- trasladan en seguida el tema al terreno de la homilética utilizando la anécdota como punto de partida para una reflexión sobre lo que significa perder y encontrar a Jesús en el curso de la vida cristiana.

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Jesús entre los doctores en el cuadro del Veronés, uno de mis favoritos desde mis primeras visitas, también yo niño, al Museo del Prado

BWV 154. Meinem liebster Jesus ist verloren

Esta breve cantata fue interpretada por Bach en Leipzig el 9 de enero de 1724, aunque no son pocos quienes afirman que la obra procede de la época de Weimar. Su texto, de autor desconocido, medita sobre la pérdida de Jesús, pero aquí quien lo pierde no son sus padres, sino cada uno de nosotros a causa del pecado. La obra se organiza alrededor de tres arias que exploran los afectos que surgen de esta pérdida: angustia, anhelo de recuperación y alegría cuando el reencuentro se produce.

La cantata comienza con un aria para tenor en la que, sobre una base en ostinato del continuo con la forma de un clásico lamento de notas descendentes, el violín primero y el cantante después expresan su dolor por haber perdido a Jesús. A mitad del movimiento un tremolo interrumpe la pieza y representa la angustia del hombre solo sin Dios. El da capo que retoma el tema principal es especialmente conciso y el aria termina de forma abrupta.

A un breve recitativo secco en el que el tenor continúa su meditación, le sigue una coral que traslada a la comunidad el deseo de reencontrar a Jesús. La pieza escogida para hacerlo es la segunda estrofa del himno Jesu, meine Seelen Wonne, de Martin Jahn (1661), cantada con la melodía de Werde munter, mein Gemüte.

El siguiente movimiento es la joya de la cantata: un aria maravillosa para contralto con un arreglo obbligato para dos oboes d’amore sobre una base de cuerdas. La parte cantada tiene un aire de canción popular. Jesús, permite que te encuentre, canta la contralto. Alfred Dürr interpreta la ausencia del continuo como un símbolo de inocencia.

El bajo, la vox Christi, responde con un arioso con la misma contestación de Jesús a sus padres cuando lo encontraron en el templo: ¿No sabéis que debo estar en las cosas de mi Padre? Un recitativo del tenor celebra con alegría el reencuentro con Jesús. Le sigue un dueto delicioso en el que tenor y contralto, los intérpretes de los arias anteriores, expresan su alegría. Buena parte de la pieza está cantada por ambos al unísono a la manera francesa, aunque en el centro destaca un pasaje en canon. Un arreglo de la sexta estrofa de la coral Meinen Jesum lass ich nicht, escrita por Christian Keymann en 1658, cierra la cantata.

Escucha aquí la grabación de la cantata de Sigiswald Kuijken y su Petite Bande.

BWV 124. Meinen Jesum lass ich nicht

La misma coral que cerraba la cantata de 1724 sirvió el año siguiente de base para la escritura de la cantata del primer domingo después de Reyes: el himno Meinen Jesum lass ich nicht, escrito por Christian Keymann en 1658. Sin embargo, éste -y con él la cantata coral de Bach-, aunque parte de la misma anécdota de la pérdida y hallazgo de Jesús en el templo, se aleja de la interpretación literal y traslada la meditación al reencuentro con Cristo tras la muerte. Esto permite al desconocido libretista llenar el texto de la cantata de referencias típicamente barrocas sobre la muerte y lo desdeñable de este mundo.


La cantata en la versión de Ton Koopman

En el coro inicial escuchamos la primera estrofa de la coral con un brillante acompañamiento instrumental. La pieza comienza con aire de minueto, pero pronto el oboe d’amore se separa del conjunto y se convierte en instrumento concertante. Tras un breve recitativo secco, el aria para tenor recupera el papel solista del oboe d’amore. Se trata de una pieza formidable en la que el ostinato de las cuerdas sirve de figuración del “espanto y terror” de la hora de la muerte.

Después de un nuevo recitativo, soprano y contralto inician un delicioso dueto con aire de danza y repleto de juegos canónicos donde se nos exhorta a abandonar el mundo y esperar el consuelo del encuentro con Dios tras la muerte. La cantata termina, como es habitual con un arreglo en cuatro partes de la estrofa final de la coral.

BWV 32. Liebster Jesu, mein Verlangen

Esta tercera cantata para el primer domingo después de Reyes pone música a un texto de Georg Christian Lehm y fue estrenada en Leipzig el 13 de enero de 1726. Lehm organiza esta vez las reflexiones sobre la pérdida y el encuentro de Jesús en forma de un diálogo entre el alma (soprano) y Jesús (bajo).

El movimiento más relevante de la cantata es el emocionante aria inicial, en el que el oboe y la soprano desgranan una melodía melancólica ricamente decorada sobre breves acordes de las cuerdas. En el segundo movimiento, las inquietudes del alma reciben de Cristo la respuesta que ya conocemos –¿No sabéis que debo estar en las cosas de mi Padre?-, a las que siguen un aria con violín obbligato en el que Jesús nos recuerda que cualquiera que lo busque podrá encontrarlo en la Casa de su Padre.

Al aria le sigue un diálogo en recitativo con un breve fragmento en arioso que pone música a un verso del Salmo 84. Este diálogo culmina en un dueto lleno de alegría en el que el violín lleva la parte concertante. El alma y Cristo celebran la desaparición de todo dolor y pesar en su unión y la música salta en intervalos de sexta que simbolizan la alegría del momento.

Aunque el texto de Lehm para la cantata termina aquí, con la alegría leve del dueto, Bach añade una estrofa más: la habitual coral de cierre añade profundidad y peso a la alegría final y traslada a la comunidad el deseo de felicidad eterna.

Escucha aquí la cantata en la versión de Gustav Leonhardt.

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