Notas sobre la primera parte del Oratorio de Navidad, BWV 248

Posted on 04/01/2013

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Se acerca el final del tiempo de Navidad y, a partir de mañana, me concentraré en las cantatas para el día de Reyes. Quiero por eso dejar aquí algunas notas que he ido tomando en las escuchas fragmentarias que, durante esta última semana, he ido haciendo del Oratorio de Navidad, la más conocida de las composiciones de Bach para estos días.

El Oratorio consiste, en realidad, en una serie de seis cantatas escritas para ser interpretadas por separado en seis de las festividades de Navidad. El hecho de que finalmente se publicara como una obra única, a diferencia de lo que había sucedido con las cantatas navideñas de otros años, nos permite pensar que Bach prestó especial atención a que su diseño funcionara de forma unitaria. Por otra parte, la mayor parte de los coros y arias del oratorio proceden de tres cantatas profanas: las BWV 213, BWV 214 y BWV 215. Tan sólo uno de los arias del oratorio es completamente nueva y debió de ser escrita para la ocasión.


La versión del oratorio de John Eliot Gardiner con la que dio inicio a su peregrinación del año 2000

El conjunto de las seis cantatas se divide a su vez en dos partes, estando la primera -compuesta por las cantatas I-III- directamente vinculada al relato evangélico del nacimiento de Jesús. Estas tres cantatas se interpretaron además durante los tres días consecutivos del triduo navideño.

La primera cantata, Jauchzet, frohlocket! (¡Regocijaos, alegraos!) es una de las obras más conocidas de Bach y hace falta decir poco de ella. Sólo quiero llamar aquí la atención sobre su estructura, que separa la obra en dos partes idénticas. Dejando a un lado el formidable coro que abre la obra, una misma estructura se repite dos veces: recitativo del evangelista, recitativo arioso, aria, coral. Esta estructura es fundamental para entender todo el oratorio y representa, en general, el sentido mismo de las cantatas de Bach, ya que hace evidente la matriz retórica de unas obras que, nunca está de más repetirlo, no son narrativas sino interpretativas, no son teatro cantado, sino sermón. El recitativo del evangelista contituye, por supuesto, la lectura de la Sagrada Escritura, mientras que el recitativo arioso aparece aquí como su interpretación. El aria ocupa aquí el lugar de la oración individual, de la recepción de la palabra en el alma, mientras que la coral final amplia esa oración a la comunidad, haciéndola pasar de lo individual a lo colectivo.

La segunda cantata, Und es waren Hirten in derselben Gegend (Y había unos pastores en la misma región) trata el anuncio del ángel a los pastores y supone otra de las cimas de la producción bachiana. A diferencia de la primera, comienza con una sinfonía, que es una de las piezas instrumentales más deliciosas de todo el siglo XVIII. Se trata, de acuerdo con la interpretación de Schweitzer, de una pieza pastoral que simboliza la música que hacen conjuntamente ángeles (flautas y violines) y pastores (oboes). Sin embargo, y a pesar de otros momentos memorables como la deliciosa nana para contralto Schlafe, mein Liebster, el movimiento más impresionante y la pieza central de la cantata es el coro de los ángeles que cantan el Gloria en alemán. Se trata de una pieza complejísima dividida en tres partes, ca da una de ellas construida sobre principios musicales diferentes.

La tercera cantata, Herrscher des Himmels, erhöre das Lallen (Soberano del cielo, escucha el balbuceo), cierra esta primera parte con el relato de la adoración de los pastores al niño Jesús. La cantata es menos rica en momentos sublimes que las dos anteriores, sin embargo alberga una de las pizas más bellas de todo el oratorio y la única compuesta específicamente para él: el aria para alto Schließe, mein Herze, que parte de la afirmación de San Lucas de que María “guardaba todas esas cosas meditándolas en su corazón”. El arreglo para violín solista del aria es al mismo tiempo virtuoso y de una enorme profundidad, entablando así un diálogo bellísimo con la parte vocal. De forma atípica, el coro que abre la cantata sirve también para cerrarla.

Termina así la primera parte de la cantata, claramente más compacta que la segunda y, sin duda, musicalmente más brillante.

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Posted in: Escucha