Este miedo es sólo el principio

Posted on 03/01/2013

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Conocí a 16 Horsepower en 2004, durante mi segundo verano en Sicilia. Alguien me había grabado su disco Folklore antes de salir de viaje y yo me lo llevé, sin haberlo siquiera oído, en mi reproductor de mp3. Cuando quise saber más de la banda, descubrí que ya no existía y que su líder, David Eugene Ewards, publicaba ahora bajo el nombre de Wovenhand. La música de Edwards guardó durante los siguientes meses una relación ambigua con el paisaje siciliano. Sicilia es una tierra sagrada, todo en ella remite a una multitud de dioses, y hasta su cristianismo -como sucede con todo el catolicismo mediterráneo- no es sino una estrategia de supervivencia de los viejos ritos paganos. Para mí en aquel momento, el cristianismo tenía que ser lo contrario de aquello: no el reino de lo sagrado, de lo misterioso en la naturaleza, sino el resultado de la absoluta desacralización del mundo. Para un cristiano, decía yo entonces, nada es sagrado, sólo Dios es santo. El ávido Dios monoteísta no dejaba lugar a lo sagrado, devoraba todo el misterio y el sentido desde su instancia trascendente. La música del Folklore de 16 Horsepower, y muy pronto de los discos de Wovenhand y especialmente de Mosaic, me parecieron entonces la encarnación perfecta de ese proceso. Sin embargo, al mismo tiempo, aquella música, que combinaba el folclore de los Apalaches con el de los nativos americanos y el de Europa del Este y Oriente Próximo, con su aire de western, pero de spaghetti western, encajaba a la perfección en el árido paisaje del verano sículo. Recuerdo haber pensado, mientras oía Dirty Blue, paseando entre retamas, ginestra y restos de templos griegos en Selinunte, que sólo bajo un sol como aquel, que lo quemaba y difuminaba todo, creando un fundido en blanco permanente, cabía entender o imaginar el monoteísmo.

sixteen-horsepower

No parece muy acorde con el signo de los tiempos basar toda una carrera musical en la compleja relación personal con la fe cristiana, pero exactamente eso es lo que ha hecho David Eugene Edwards. Nacido y educado dentro de un grupo cristiano ultraortodoxo del que su abuelo era pastor, la fe cristiana está en el centro de la obra de Edwards.  El universo de 16 Horsepower o de Wovenhand es el mismo que encontramos en las comunidades cristianas del cinturón bíblico americano que descienden de la Reforma Radical: mennonitas, hutteritas, etc. Sus letras se sitúan a menudo en el instante detenido y renovado permanentemente de la conversión, de la aplastante inundación de la certeza. No hay ningún misterio, conozco mi camino a partir de aquí, canta en The Hutterite Mile. Sin embargo, la intensidad de su música procede directamente del postpunk, de bandas como Joy Division, Nick Cave & the Bad Seeds o Swans. En sus peores momentos, Wovenhand puede parecer una versión militante de estos grupos, pero en los mejores, en plena descarga de furia eléctrica o en su versión acústica, árida y enrarecida, crea un espacio propio, denso y oscuro, en el que llevo años encontrando consuelo y, al mismo tiempo, inquietud.

No ha  terminado aún el tiempo de Navidad y la música de David Eugene Edwards puede parecer fuera de lugar entre villancicos y fanfarrias. Sin embargo, ayer mismo  también Bach ofrecía una cara más oscura de estas fiestas y T.S. Eliot, al principio de este año, recordaba que la alegría de este tiempo ha de ser también un gran temor. La música de 16 Horsepower y Wovenhand, como la de Bach, nace de la certeza de que todos somos pecadores, pero también de que todos hemos sido perdonados.


David Eugene Edwards interpretando Straw Foot. Escucha también una versión acústica de Whistling Girl y del As I Went Out One Morning de Dylan.

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