Las cantatas para el triduo de Navidad de 1723 en Leipzig

Posted on 28/12/2012

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Sin duda, Bach tuvo que planear con atención el programa de obras que pensaba estrenar durante su primera Navidad en Leipzig. Aunque llevaba ya varios meses trabajando en la ciudad y los feligreses de las iglesias de Santo Tomás y San Nicolás ya habían tenido ocasión de hacerse una idea de sus capacidades como compositor, la extraordinaria densidad de las celebraciones durante esos días y la solemnidad de los festejos tuvieron que suponer un reto para el músico. Seguramente, la decisión de utilizar dos composiciones anteriores para el inicio de la serie reponde a la doble necesidad de comenzar con piezas cuya calidad ya hubiera sido demostrada y, sobre todo, de dotarse de más tiempo para la escritura de nuevas obras. Por eso, para el primer domingo de Adviento y para el día de Navidad, Bach recicló dos cantatas de su época en Weimar: la BWV 61, Nun komm der heiden Heiland, y la BWV 63, Christen, ätzet diesen Tag.

Para los servicios de la víspera de Navidad, la tarde del 24, Bach estrenó su primera versión del Magnificat, la obra de mayor magnitud de cuantas compondría ese año y su única obra vocal para cinco partes antes de la Misa en Si Bemol.

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Los alrededores de mi hotel en ExCel, Londres, donde este año he pasado trabajando la Navidad

BWV 63. Christen, ätzet diesen Tag

La mañana siguiente, en la Thomaskirche, Bach dirigió Christen, ätzet diesen Tag, una composición de 1714. Se trata de una obra de rica orquestación, grandes dimensiones e indudable carácter festivo, aunque, como ha señalado Alfred Dürr, el tono celebratorio no parezca específicamente navideño, algo que puede deberse a contingencias de la composición o al hecho de que la cantata pudiera haber nacido en Leipzig como parodia de otra profana. La estructura de la obra es perfectamente simétrica, con un recitativo secco en el centro, dos duetos a ambos lados de éste, cada uno de ellos flanqueado por un recitativo arioso y dos coros abriendo y cerrando la obra.

El coro que abre la cantata tiene poco que envidiarle al Jauchzet, frohlocket del Oratorio de Navidad, aunque delata, como es habitual en sus composiciones juveniles, su origen motetesco. Uno de los elementos más llamativos de la obra es la extensión temática de las distintas partes y eso se hace especialmente notorio en el maravilloso dueto que constituye el tercer movimiento, único momento en el que la cantata cede a la melancolía, con un oboe obbligato memorable y una serie de juegos en canon entre las dos voces profundamente conmovedores. Este dueto contrasta fuertemente con el que sirve de quinto movimiento, las penas de la contingencia humana se oponen a las alegrías de la vida cristiana y el movimeinto adquiere una viveza que porcede de sus ritmos de danza. Culminando el carácter simétrico de la cantata, el coro final no utiliza ninguna coral, sino que vuelve a ser una pieza de forma libre y estructura motetesca.

BWV 40. Darzu ist erschienen der Sohn Gottes

Para el Segundo Día de Navidad, festividad de San Esteban, Bach compuso una obra completamente diferente de la que había reestrenado el día anterior. Más corta en duración, la cantata apenas trata los temas de las lecturas del día y se centra en la figura de Cristo como vencedor sobre el pecado. Si Christen, ätzet diesen Tag no incluía referencia alguna a los himnos tradicionales de Navidad, tres de los ocho movimientos de esta cantata proceden de corales: el tercero, de Wir Christenleut, escrita por Caspar Füger en 1592; el sexto, de Schwingt dich auf zu deinem Gott, de Paul Gerhardt (1653), y el octavo, de Freuet euch, ihr Christen alle, compuesto en 1645 por Christian Keymann. Esta recurrencia de las corales en la cantat le da un aire solemne y de celebración colectiva que encaja a la perfección en la festividad.

Está claro que en un corpus tan abundante y notable como el de las cantatas de Bach, cada uno tiene sus preferencia, pero es destacable que, en su libro clásico sobre el tema, el musicólogo británico W.G. Whittaker consideraba ésta como una de las cantatas “más perfectas” de su autor, en la que “cada movimiento posee una calidad soberbia”. Y destacaba que la obra “representaba tanto la visión religiosa del compositor, como su extraordinaria imaginación e inventiva”.

No sé si la afirmación de Whittaker puede resultar algo exagerada, pero, sin lugar a dudas, el coro que abre la cantata merece aparecer en cualquier antología de Bach. La mezcla del tono festivo y el carácter casi marcial que nace de la presencia en el texto de Cristo como vencedor sobre el pecado le da al movimiento una personalidad compleja y única.

El tono marcial lo retoman los arias para bajo y para tenor que constituyen el cuarto y séptimo movimientos respectivamente. El primer aria resulta además sorprendente por su marcado ritmo (en 3/8) y su fraseo periódico, mientras que el segundo con sus arreglos para viento y las coloraturas que se esperan del tenor es la perfecta continuación del coro inicial.

BWV 64. Sehet, welch eine Liebe hat uns der Vater erzeiget

La cantata que Bach estrenó la mañana del 27 supone un corte brusco con el tono de las anteriores y puede resultar desconcertante en una época en la que la Navidad es fundamentalmente una celebración mundana. El libreto de Sehet, welch eine Liebe hat uns der Vater erzeiget interrumpe el carácter festivo y celebratorio de las piezas anteriores y sucesivas y nos invita a rechazar las cosas del mundo en favor del amor de Dios. El frecuente recurso a corales preexistentes apunta a la posibilidad de un autor común para el libretto de las cantatas del 26 y el 27

El coro inicial, mi favorito de los tres que comento hoy, tiene un curioso carácter arcaico y severo gracias a su estructura motetesca y a su continuo independiente y parece una pieza compuesta más de cincuenta años antes de 1723. En el quinto movimiento, un aria para soprano, la cantata alcanza un nuevo punto álgido, el ritmo de gavotte de la pieza parece representar “el mundo” del que el texto dice que “se desvanece como humo”. Y, en efecto, el ritmo de danza parece desvanecerse en las figuras del primer violín.

Para el segundo aria, esta vez para alto, Bach recurre al estilo concertante con una introducción deliciosa para oboe d’amore. Después de varios movimientos centrados en la idea de la renuncia a lo mundano, este aria trata ya de los dones del cielo y la música refleja el cambio temático pasando por primera vez en la cantata a la tonalidad mayor.

BWV 64 constituye un formidable contrapunto moral para el tono celebratorio del resto de las composiciones de aquellos quince días de 1723.

Nota
Aquí podéis encontrar enlaces para escuchar BWV 63, BWV 40 y BWV 64

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