Algunas consideraciones sobre el inicio del Adviento

Posted on 30/11/2012

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I.

Porque el principio nos habrá de recordar el fin. Y la primera venida, la segunda venida.

T.S. Eliot

Aunque el primer acontecimiento del año litúrgico es el nacimiento de Cristo, las iglesias comienzan el año cuatro domingos antes, con un periodo de preparación llamado Adviento. El año litúrgico empieza así en el momento en el que los días son más cortos, cuando la dialéctica entre luz y oscuridad parece menos favorable para el hombre. No es casual que la Iglesia Antigua situara la Llegada del Mesías en el solsticio de invierno, una fecha que el hombre lleva celebrando desde la prehistoria, la noche en la que el sol sale por primera vez un poco antes que el día anterior, rompiendo una tendencia que parecía llevar a la noche eterna. Ave, Sol Invictus, lo saludaban los antiguos latinos en esa fecha. El solsticio de invierno supone para el hombre, como mínimo desde el Neolítico, la llegada de una nueva esperanza. Y el año litúrgico aprovecha la memoria de la especie para celebrar el inicio de la historia de la salvación.

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Y, sin embargo (o, tal vez, debería escribir “en consecuencia”), el Adviento no es un periodo de alegría. O, al menos, no es sólo ni principalmente, un periodo de alegría. Como escribe T.S. Eliot en el poema Sobre el cultivo de los árboles de Navidad que abre este post, a este periodo le corresponde “una gran alegría que será también un gran temor”. Del mismo modo que los hombres primitivos afrontaban el acortarse de los días con un miedo que la costumbre sólo había de mitigar en parte y que recogen y codifican los rituales del solsticio de invierno, la Iglesia invita a los cristianos a considerar durante el Adviento lo absolutamente improbable, inmerecido y, por lo tanto, gratuito, de la salvación.

El Adviento es así un tiempo de espera y, por ello, de preparación. Ya he escrito en este blog sobre el diferente modo en que católicos y protestantes se enfrentan a esa gratuidad de la salvación, pero unos y otros consideran estas cuatro semanas como un periodo para tomar conciencia de esa gratuidad.

Y, sin embargo, a pesar de estar asentado sobre la celebración primordial del solsticio de invierno, el Adviento y la Navidad cristianos introducen un elemento nuevo que no estaba presente en éste. Un elemento que introduce una nueva alegría y, como no podía ser de otro modo, un nuevo temor. El acontecimiento del nacimiento de Cristo añade al solsticio el factor lineal al sistema cíclico de la visión pagana de la realidad, que tiene su origen en lo cíclico del año geofísico. El acontecimiento de la salvación del hombre por Cristo es un acontecimiento histórico y, por tanto, único, que introduce una direccionalidad en la historia, que, aunque se conmemore cada año y se reproduzca en cada alma, ocurrió de una vez por todas en un preciso momento histórico, organizando toda la historia a partir de él, partiéndola en dos y rompiendo así el círculo.

Esta es la razón por la que, de forma sólo aparentemente sorprendente, el Adviento es también un periodo de meditación escatológica, de consideración del fin de los tiempos. El nacimiento de Cristo rompe el eterno retorno de lo mismo y le otorga una dirección a la historia. Si la alegría de la Navidad es al mismo tiempo una alegría, una esperanza y un temor es “porque el principio nos habrá de recordar el fin. Y la primera venida, la segunda venida.”

II.

El tiempo de Adviento tiene necesariamente cuatro domingos, lo que no quiere decir que dure siempre cuatro semanas. Según el día de la semana en el que se celebre la Navidad el primer domingo de Adviento puede caer entre el 27 de noviembre y el 3 de diciembre. Este año se celebrará el 2 de diciembre, es decir, el próximo domingo. Ese día empieza el año litúrgico, el Adviento y la escucha que el autor de este blog va a hacer de la totalidad de las cantatas sacras de Bach.

A diferencia de lo que ocurre con las cantatas para Navidad, Johann Sebastian Bach compuso pocas obras para los domingos de Adviento. En Leipzig no se celebraba servicio cantado durante el Adviento, excepto el primer domingo. Por eso, durante el periodo en el que Bach compuso la mayor parte de sus cantatas sacras, no tuvo ocasión de componer para esos días. A eso hay que añadirle que de al menos tres cantatas compuestas antes de su llegada a Leipzig nos ha llegado sólo el texto y cualquier intento de reconstrucción es necesariamente cuestionable.

El conjunto de cantatas compuestas por Bach para el Adviento queda, tal y como refleja el calendario de este blog, de la siguiente manera:

Primer domingo de Adviento (2 de diciembre)

Nun komm, der Heiden Heiland, BWV 61, 2 de diciembre de 1714
Nun komm, der Heiden Heiland, BWV 62, 3 de diciembre de 1724
Schwingt freudig euch empor, BWV 36, c. 1725–1730

Segundo domingo de Adviento (9 de diciembre)

Wachet! betet! betet! wachet! BWV 70a, 6 de diciembre de 1716 (música perdida)

Tercer domingo de Adviento (16 de diciembre)

Ärgre dich, o Seele, nicht, BWV 186a, 13 de diciembre de 1716 (música perdida)

Cuarto domingo de Adviento (23 de diciembre)

Bereitet die Wege, bereitet die Bahn! BWV 132, 22 de diciembre de 1715
Herz und Mund und Tat und Leben, BWV 147a, 20 de diciembre de 1716 (música perdida)

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