Una guía para la escucha de BWV 82. Ich habe genug

Posted on 04/11/2012

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Resulta difícil escribir una guía para la escucha de esta cantata. En el caso de las dos cantatas que hemos escuchado con anterioridad en este ciclo –Ich hatte viel bekümmernis, BWV 21, y Ein feste Burg ist unser Gott, BWV 80- la descripción de las cantatas servía para explicitar su estructura, a menudo compleja, para desentrañar referencias musicológicas o culturales. Sin embargo, las tres arias y los dos recitativos de Ich habe genug son sencillos y su mayor mérito es la transmisión de un sentimiento que no es en absoluto desmontable. Por eso, tal vez merezca la pena escuchar la obra sin leer ningún análisis de sus movimientos, simplemente siguiendo la música y el texto. Y, en todo caso, después leer las siguientes líneas por si algo en ellas ayudara en una segunda escucha.


Aquí podéis ver una versión en directo de la cantata interpretada por La Petite Band de Sigiswald Kuijken. También podéis encontrar en YouTube las versiones de Philippe Herreweghe y el Collegium Vocale Gent (con Peter Kooy como bajo y el insuperable Marcel Ponseele al oboe), la de Karl Richter con Dietrich Fischer-Dieskau (de ésta solo el primer movimiento) y una versión del arreglo para soprano del Collegium Marianum con la maravillosa Hana Blažíková.

I. Aria. Ich habe genug (Do menor/Mi menor)
B, oboe, cuerdas y bajo continuo o S, flauta, cuerdas y bajo continuo

El primer movimiento comienza con un acompañamiento de violines suavemente agitado sobre el que planea una melodía de oboe de serenidad melancólica. Toda la riqueza afectiva de la cantata está ya presente en estos primeros segundos. La melodía de oboe remite a otros momentos cumbre de la obra de Bach: el aria “Erbarme dich” de La Pasión según San Mateo y el dueto de la cantata BWV 140, Wachet auf, ruft uns die Stimme. La voz solista del bajo entra repitiendo el motivo del oboe y, a partir de aquí, Bach se revela como un maestro de las transformaciones, trasladando ese mismo tema por toda la escala en cada una de las estrofas.

Este aria expresa un conjunto de emociones y afectos de una complejidad sobrecogedora -resignación, melancolía, cansancio de la vida, aceptación, deseo de trascendencia- y lo hace con una sencillez de medios que la convierte en algo inatacable.

II. Recitativo. Ich habe genug (La bemol mayor-Si bemol mayor/Do mayor-Re mayor)
B y bajo continuo o S y bajo continuo

El primer recitativo es una pieza breve a secco con un fragmento central arioso donde la voz y el bajo continuo siguen un patrón imitativo en el que algunos críticos ven el camino de la imitación de Cristo en el que ha de consistir toda vida cristiana.

III. Aria. Schlummert ein, ihr matten Augen (Mi bemol mayor/Sol mayor)
B, cuerdas, oboe da caccia y bajo continuo o S, cuerdas, flauta y bajo continuo

Este aria, con maneras de canción de cuna, es una de las piezas más queridas de la producción de Bach y, sin duda, una de las más bellas. En ella el alma se adormece y rechaza el mundo.

Estamos ante el aria da capo habitual de la música barroca, pero Schlummert ein la trasciende tanto por su belleza como por el refinado modelo de su estructura, donde el primer motivo se repite en el centro del segundo:

rit-A-rit-BAB-rit-A-rit

Para cuando termina este aria todo está dicho. Sólo el primer y el tercer movimientos juntos superan los 15 minutos, es decir, las tres cuartas partes de la cantata, lo que da idea de hasta qué punto son su corazón. Tengo que confesar que mi Ich habe genug privada termina aquí. Y no le falta nada.

IV. Recitativo. Mein Gott! Wenn kommt das schöne: Nun! (Do menor/Mi menor)
B y bajo continuo o S y bajo continuo

El segundo recitativo es de nuevo a secco con el arioso esta vez en la conclusión.

V. Ich freue mich auf meine Tod (Do menor/Mi menor)
B, oboe, cuerdas y bajo continuo o S, flauta, cuerdas y bajo continuo

El último aria, que anticipa y celebra el momento de la muerte, es una pueza jubilosa con aire de danza que no puede mantenerse a la altura de los dos maravillosos movimientos principales de la cantata. Ofrece una clausura perfecta a una obra que no podía terminar de otro modo -aunque haya quien la eche de menos, una coral, con su carácter habitual de moraleja, hubiera supuesto un anticlímax aún mayor-, pero termina pareciendo bastante prescindible.

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