El núcleo teológico de la Reforma

Posted on 30/10/2012

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I.

La controversia sobre la compra de indulgencias, por sí sola, habría sido incapaz de causar un proceso de reforma de la iglesia como el que causó de no haber servido de yesca de un mechero cuyo combustible era algo mucho más profundo. Del mismo modo, las circunstancias históricas que facilitaron la politización de la disputa y su difusión por todo el imperio no habrían podido engendrar una realidad tan rica y compleja como la de las iglesias reformadas si detrás de ellas no hubiera existido un pensamiento tan fértil y potente como el que de hecho existía. La Reforma Protestante no puede, por lo tanto, reducirse ni a la polémica de las indulgencias ni al conflicto entre el Papado, el Emperador y la nobleza y burguesía alemanas, sino que tiene su centro mismo en el trabajo teológico de Lutero y en la teología, en general, del cristianismo humanista del siglo XVI.

En la lectura que Lutero hizo de la Carta a los Romanos de San Pablo en la Universidad de Wittenberg entre 1513 y 1516 se encuentra el punto de inflexión sobre el que se asienta la Teología de la Reforma. Como muchos otros intelectuales de su época, Lutero había llegado a la conclusión que el filtro de teología escolástica e interpretación institucional por parte de la Iglesia era un lastre que separaba al creyente de la verdadera lectura de la Biblia. La defensa de la necesidad del regreso a la fuente original y de la libre interpretación del texto -facilitada por la difusión de los libros tras la invención de la imprenta- era una constante del pensamiento humanista en aquel momento. Y es en ese regreso al texto original de la Biblia -mediado siempre en Lutero por la lectura previa de San Agustín-, donde encuentra la respuesta a la que considera, al mismo tiempo, la gran pregunta de la teología y la causa fundamental de la angustia que le había llevado a consagrarse a la vida religiosa: ¿Qué es lo que permite que el juicio de Dios necesariamente justo absuelva un alma pecadora? En el ámbito de la teología tradicional católica, son las propias obras del creyente las que lo hacen merecedor de la salvación, el hombre se justifica a sí mismo a través de sus obras. El poder del sacramento de la penitencia para hacer borrón y cuenta nueva en el alma del fiel tranquiliza la angustia de saber que los impulsos hacia el pecado no desaparecen nunca y que, si hiciéramos balance global, el resultado nunca saldría a nuestro favor.

Sin embargo, la afirmación fundamental y revolucionaria que Lutero encuentra en el texto de San Pablo es la de que la salvación no depende nunca de las propias obras, sino que se trata de un regalo, de un don gratuito de Dios, que nos llega a través de la fe en la muerte y resurrección de Cristo. No nos justificamos ante Dios, Él mismo nos justifica de forma gratuita. La salvación no es algo condicional que dependa de nuestra conducta, sino que, al contrario, nuestra transformación procede de la gracia que Dios nos concede.

Nada de esto era del todo original. Erasmo de Rotterdam o Juan de Valdés afirmaban cosas parecidas sin generar excesiva polémica. Sin embargo, Lutero -no sin reticencias internas- fue capaz de llevar esta intuición hasta sus últimas consecuencias. La doctrina de la justificación por la fe centraba el proceso de salvación del alma en la relación individual entre ésta y Dios, dejando a la Iglesia en un lugar secundario, subordinado al encuentro entre el alma y Dios. Es en este contexto en el que adquiere todo su significado la oposición de Lutero a la venta de indulgencias: no se trata ya de corregir prácticas corruptas dentro de la institución, sino que la institución misma tenía que ser completamente transformada.

II.

Tras la condena de Lutero en 1520, los acontecimientos tomaron una velocidad vertiginosa. Ese mismo año, Lutero publicó tres textos fundamentales que hoy pueden leerse como verdaderos manifiestos de la Reforma: en Llamada a la nobleza de la nación alemana unía nacionalismo y deseo de Reforma, en La cautividad de la Iglesia en Babilonia criticaba la interpretación católica de los sacramentos y en La libertad del cristiano elaboraba una interpretación accesible de la teoría de la justificación por la fe.

En 1521, Lutero comparece ante el emperador en Worms y, obligado a retractarse, defiende su postura con firmeza: A menos que no quede convencido mediante el testimonio de las Escrituras o por la razón —ya no acepto la autoridad del Papa ni de su Concilio, pues han errado continuamente y se han contradicho— me mantengo firme en las Escrituras, a las que he adoptado como guía. Mi conciencia es prisionera de la Palabra de Dios, y no puedo ni quiero revocar nada, reconociendo que no es seguro o correcto actuar contra la conciencia. Que Dios me ayude. Amén.

La condena no se hace esperar y el 25 de mayo de 1521 Lutero es declarado hereje. Se prohibe la posesión y lectura de sus libros y se ordena su captura. Lutero huye de Worms y es acogido por el Principe Elector de Sajonia, enemigo de Carlos V, que lo esconde en el castillo de Wartburg, a las afueras de Eisenach. Allí Lutero se dedicara a la traducción de la Biblia al alemán, haciéndola así accesible a los cristianos alemanes.

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